UN PENSAMIENTO JUDÍO SOBRE LAS
DIÁSPORAS
EL DERECHO DE RETORNO DE LOS ÁRABES
Rav Shlomó Aviner
Pregunta:
El Sionismo es un movimiento correcto desde el punto
de vista moral, porque intenta corregir la injusticia que se cometió con
un pueblo que fue desterrado, y trata de devolverlo a su patria. Pero
debemos reconocer que los árabes se encuentran en una situación similar.
La reconstrucción de nuestra tierra de acuerdo a la moral, es lo que
garantiza la continuación y éxito de ese proceso. Por lo tanto, estoy
interesado en saber; el “Derecho de Retorno” de los demás pueblos también
es mencionado en el Tanaj (La Biblia)?.
Respuesta: Por supuesto, de la misma forma que está escrito “y
haré retornar el cautiverio de Mi pueblo Israel” (Amos 9:14), también está
escrito “haré retornar el cautiverio de los hijos de Amón, dice el Eterno”
(Irmya 49:6). De la misma forma que está escrito “entonces el Eterno, tu
D's, hará retornar tu cautiverio, y se compadecerá de ti, y volverá a
recogerte” (Dvarim 30:3), también está escrito “y haré retornar el
cautiverio de Egipto” (Iejezkel 29:14).
El que plantea ese paralelismo, es no menos que
nuestro gran comentarista, Rashi: “Es grandioso el día en que vuelven a
reunirse las diásporas, y es muy dificultoso, como si D’s mismo tuviese
que tomar de la mano a cada uno y sacarlo de donde se encuentra, como dice
el versículo “y vosotros seréis recogidos uno a uno, hijos de Israel” (Ishaya
27:12)” (Rashi, Dvarim 30:3). La reunión de las diásporas es tan
importante, que es como si El Señor del mundo retorna todo el Pueblo de
Israel, uno a uno, a su tierra. Y el agrega: “Y también con respecto a los
demás pueblos es así; “y haré retornar el cautiverio de Egipto” (Iejezkel
29:14)” (Rashi, Ídem.). La reunión de las diásporas no es un concepto
exclusivo del Pueblo de Israel, sino que El Señor del mundo desea que cada
pueblo goce de un proceso similar.
Existe un vínculo entre cada pueblo y su tierra. El
Mahara"l de Praga explica en su libro “Netzaj Israel” - en el que analiza
el exilio y la redención de Israel - que un pueblo puede vivir en forma
natural, o en forma anti-natural. Para llevar una vida natural, son
necesarias tres condiciones: Que los miembros del pueblo vivan juntos,
en su tierra, e independientes (Cáp. 1). Esa definición no
se refiere exclusivamente al Pueblo de Israel: Es una definición general,
común a todo pueblo de la tierra. De la misma forma que toda persona que
existe -que fue creada a “imagen y semejanza de D’s”- tiene derecho a
vivir de acuerdo a su carácter y naturaleza, todo pueblo tiene ese
derecho. “En repartiendo el Altísimo herencia a las naciones, cuando hizo
separarse a los hijos de Adam, iba fijando los límites de los pueblos” (Dvarim
32:8).
Cuesta prestar oídos a la idea que debemos
preocuparnos por el interés y bienestar de los árabes - que derraman
nuestra sangre día a día, y nos afligen con crueldad desde que volvimos a
nuestra tierra - pero en esencia, no somos un pueblo guerrero. No deseamos
la destrucción del mundo, y ni siquiera la de nuestros enemigos.
Es algo maravilloso, que el Pueblo de Israel a lo
largo de todas las generaciones, a pesar de que los demás pueblos lo
hicieron sufrir tanto - un sufrimiento terrible y espantoso,
indescriptible - terminó siempre su oración diaria no con la esperanza de
que ellos sean aniquilados, sino que por el contrario, con el franco deseo
de prosperidad de todos los pueblos: “Corregir el mundo con el Reinado de
D’s, y todas las personas invocarán Tú nombre, y los malvados de la tierra
tornarán a Tí, reconocerán y sabrán todos los habitantes de la tierra que
ante Tí toda rodilla debe inclinarse, y que toda lengua debe hacerte votos
de fidelidad” (Oración diaria, “Aleinu leshabeaj”). Más maravilloso aún es
que esa oración fue instituida por Ioshua Bin Nun (Kol-vo 16), el
conquistador de la Tierra de Israel. Así somos nosotros: A pesar de que
nos vemos obligados a luchar para liberar y defender nuestra tierra, no
por eso perdemos nuestra visión universal.
Es obvio que tenemos que defendernos de nuestros
enemigos, pero al mismo tiempo no debemos guardar un rencor eterno al
pueblo árabe, o los pueblos árabes, y debemos aspirar a que también ellos
gocen de su Derecho de Retorno. Por supuesto que no es algo fácil de
realizar, en un instante. Sobre todo en estos días - pero cuanto más
convencidos estemos de la importancia del “retorno de las diásporas” -
también de los árabes, para nuestro bien y el bien de toda la humanidad -
encontraremos cómo realizarlo, y cómo salvar los obstáculos. Y seguramente
también las personas idealistas de todo el mundo apoyarán ese elevado
objetivo moral: Devolver cada pueblo a su tierra.
Qué grandioso será ese día!. Como dijo Rashi: "Es
grandioso el día en que vuelven a reunirse las diásporas.... y también con
respecto a los demás pueblos es así". Debemos respetar el Derecho de
Retorno, y devolver los árabes de Israel a sus tierras de origen!.
Esta es nuestra tierra, la Tierra de Israel, como lo
dice su nombre. Y los árabes inmigraron con el correr del tiempo - sobre
todo en vísperas de la Guerra de Independencia, como lo sabe toda persona
que estudia historia (Por ejemplo, el libro “From time immemorial”, de la
investigadora estadounidense Joan Peters). Y será grandioso el día del
retorno de las diásporas de los árabes que se encuentran con nosotros a
sus tierras. Será la acción más correcta desde el punto de vista moral -
para ellos, para nosotros, y para toda la humanidad!.
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